Cuando hable con el silencio,cuando sólo tenga una cadena
de domingos grises para darte.
Cuando sólo tenga un lecho vacío,
para compartir contigo un deseo,
que no se satisface ya con los cuerpos de este mundo.
Cuando ya no me basten las palabras del castellano
para decirte lo que estoy mirando.
Cuando esté mudo de voz de ojos y de movimiento.
Cuando haya arrojado lejos de mí
el miedo a morir de cualquier muerte.
Cuando ya no tenga tiempo para ser yo
ni ganas de ser aquel que nunca he sido.
Cuando sólo tenga la eternidad para ofrecerte
una eternidad de voces y de olvido.
Una eternidad en la que ya no podré verte,
ni tocarte ni encelarte ni matarte.
Cuando a mí mismo ya no me responda,
y no tenga día ni cuerpo.
Entonces seré tuyo,
entonces te amaré para siempre.
Autor: Homero Aridjis